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La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) renueva la concepción de la empresa, otorgando a ésta una dimensión amplia e integradora, que va más allá de la mera cuestión económica en la que se incorpora perfectamente la triple faceta de la sostenibilidad: económica, social y medioambiental. El desarrollo sostenible se sitúa como fin a alcanzar por medio de la adecuada implantación de un modelo de empresa socialmente responsable, en el que los distintos grupos de interés (stakeholders) son el centro de atención esencial para la gestión.
La Responsabilidad Social Empresarial ha sido definida desde diversos ámbitos de modos muy distintos. A pesar de esta diversidad conceptual, en casi todos los enfoques es posible encontrar un fondo común que ha permitido llegar a un cierto consenso sobre el concepto de RSE.
Una de las definiciones más conocidas es la de la Comisión Europea:
“La RSE es la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y ambientales en sus operaciones comerciales y en sus relaciones con sus interlocutores” (Libro Verde de la Unión Europea).
Otras importantes definiciones de RSE son:
"La RSE es una forma de gestión que se define por la relación ética de la empresa con todos los públicos con los cuales ella se relaciona, y por el establecimiento de metas empresariales compatibles con el desarrollo sostenible de la sociedad; preservando recursos ambientales y culturales para las generaciones futuras, respetando la diversidad y promoviendo la reducción de las desigualdades sociales" (Instituto Ethos de Empresas y Responsabilidad Social.).
“La RSE se refiere a una visión de los negocios que incorpora el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente. La RSE es un amplio conjunto de políticas, prácticas y programas integrados en la operación empresarial que soportan el proceso de toma de decisiones y son premiados por la administración” (Foro de la Empresa y la Responsabilidad Social en las Américas).
Estas definiciones permiten conformar una idea clara de lo que es la RSE. Sin embargo, hay que advertir de que la RSE es un concepto dinámico, en desarrollo y construcción.
Estándares y guías relacionados con la responsabilidad empresarial:
La existencia de una legislación o de una normativa que de alguna forma regule u obligue a las empresas a asumir y desarrollar actividades asociadas con la RSE, es uno de los aspectos más polémicos y menos consensuados en el debate que sobre esta materia existe entre empresas y organizaciones sociales, a nivel mundial. Hasta la fecha no existe un estándar consensuado y aceptado a nivel internacional que, además de constituirse en una referencia de obligada consulta, englobe todos los aspectos relacionados con la sostenibilidad.
El siglo XXI está viendo cómo se diseñan y difunden una amplia variedad de metodologías y herramientas, que han sido elaboradas con el objetivo de lograr la adhesión de las empresas al desarrollo sostenible, la RSE y de mejorar su impacto social y reputación. Muchos plantean que la RSE establece un nuevo estilo de gestión y, con esta premisa están exigiendo nuevos métodos empresariales, nuevos planteamientos sectoriales y una nueva cultura y valores en las organizaciones. Como respuesta a estas necesidades, en los últimos años se han generado 245 nuevos tipos de alianzas entre diferentes agentes e instituciones para diseñar e implantar nuevos mecanismos y herramientas que promuevan y consoliden las prácticas sostenibles en las empresas. Existen diversos instrumentos de gestión que pueden ayudar a las empresas para que, en el marco de su singularidad y a partir de sus principios, se adecuen a las necesidades asociadas al desarrollo sostenible y la RSE.
Existen tres categorías de estándares según el objetivo principal de los mismos:
1. Normativas generales que, con diferente alcance, cubren varios campos de la gestión de la responsabilidad corporativa.
2. Normativas que aportan recomendaciones para la gestión ética de las compañías.
3. Estándares que aportan directrices para el diseño y contenido de las memorias de sostenibilidad o de responsabilidad corporativa.
Algunas de las más conocidas y utilizadas en nuestro contextos son:
1. ISO/WD 26000:
En septiembre de 2002 la Organización Internacional de Normalización (ISO) creó un grupo de trabajo para analizar la necesidad de crear una norma sobre responsabilidad empresarial.
Después de un largo proceso de discusión, ISO decidió en junio de 2004, tras estudiar las recomendaciones del equipo, elaborar una “Guía Práctica” que oriente y ayude a las empresas en la implantación de sus políticas de responsabilidad social, descartando por lo tanto el formato de norma tradicional, como la ISO 9001, que habría permitido establecer un estándar de certificación internacional.
La guía, un formato de segundo rango respecto al de otras normas, está escrito en lenguaje sencillo para que sea comprensible y utilizable por los no especialistas.
Este documento pretende completar y no sustituir los acuerdos intergubernamentales existentes que ya sirvan de referencia para la RSE. La norma pretende que las organizaciones asuman la responsabilidad por el impacto de sus actividades en la sociedad y el medioambiente. Proporciona recomendaciones de cómo dirigir sus actividades de forma coherente con los intereses de la sociedad, el desarrollo sostenible, evidenciando un comportamiento ético y respetando las leyes aplicables e instrumentos intergubernamentales.
Las diferencias geográficas, culturales y sociales serán respetadas en la medida en que no menoscaben las normas internacionales fundamentales de los derechos humanos y del trabajo.
La norma abordará temas de RSE relacionados con el medioambiente, los derechos humanos, las prácticas laborales, el gobierno de la organización, las prácticas de negocio justas, la participación en la comunidad y el desarrollo social, y la protección de los consumidores.
2. Global Compact:
La idea de un pacto mundial promovido por la Organización de las Naciones Unidas en materia de RSC (Global Compact), fue impulsada por el Secretario General de la ONU, Kofi Annan ante el World Economic Forum de Davos, el 31 de enero de 1999.
Su implantación comenzó el 26 de julio de 2000, cuando el mismo Secretario General hizo una llamada a los líderes y responsables de las compañías para que se unieran a un gran pacto que llevara a la práctica el compromiso ampliamente compartido de sincronizar la actividad y las necesidades de las empresas, con los principios y objetivos de la acción política e institucional de las Naciones Unidas, de las organizaciones laborales y de la sociedad civil en el desarrollo sostenible.
Suponía el reconocimiento de las necesidades compartidas por todos en un mundo cada vez más globalizado y el inicio de una colaboración mutuamente enriquecedora, que contribuyese a la eliminación de los más evidentes y perjudiciales efectos perniciosos de la actual dinámica económica, buscando la promoción del bienestar general y de la dignidad humana. En esencia, una respuesta a diez desafíos y al compromiso común de atender las necesidades de un mundo en transformación.
El pacto es un instrumento de libre adscripción por parte de las empresas, organizaciones laborales y civiles, que descansa en el compromiso de asumir y cumplir los principios del pacto, en su estrategia y en sus operaciones. En este sentido, no es ni un instrumento regulador que plantee normas legales de conducta para todas las entidades, ni un instrumento que conceda una certificación a aquellas que cumplen con determinados requisitos.
La entidad que se adhiere al pacto asume voluntariamente el compromiso de ir implantando los diez principios en sus actividades diarias. Así mismo, adquiere el compromiso de ir dando cuenta a la sociedad, con publicidad y transparencia, de los progresos que realiza en ese proceso de implantación, mediante la elaboración de los llamados "Informes de Progreso".
Uno de los campos más tratados dentro de las mesas de trabajo del pacto mundial es la integración de los derechos humanos en la gestión empresarial.